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martes, 8 de julio de 2014

CAMINO DE SANTIAGO, LA METÁFORA DE LA VIDA Y EXPERIENCIAS PARANORMALES.

Hay experiencias que habría que vivirlas con un vino delante, una copa de vino, me refiero. Y que fuera vino bueno, para cortar asperezas.

Esta pasada semana nos marchamos a hacer la última etapa del camino de Santiago, 112 km oficiales andando, que no reales, porque nuestro cuenta kms, marcó algunos más. Empezamos desganadas, de hecho nos vimos metidas en esta aventura sin comerlo ni beberlo, por inciativa de mi madre, que aunque mayor es una mujer muy bien conservada y deportista, que anda normalmente cada día varios kms y va a diario al gimnasio, aunque ya hace tiempo que pasó de los 70.

La verdad es que casi al punto de marchar, dos días antes, ocurrió algo inesperado. Mi madre, que llevaba días realizando un duro entrenamiento, caminando muchos kms a diario, se esguinzó una pierna debido al sobreesfuerzo, así que el doctor le prohibió hacer el Camino. Y allá nos tenéis huérfanas de promotora, sin saber si ir o no ir al fin, aunque arrancamos, cogimos el coche y nos marchamos hacia Lugo, en concreto hasta Sarria, donde empieza este tramo final, obligatorio para conseguir la preciada compostelana en la catedral de Santiago.

El Camino engancha, es como una metáfora de la vida. Lo que emociona son los logros, el llegar al final de la etapa marcada cada día, pero lo que engancha en si es el propio Camino, el sufrimiento, el controlar el propio cuerpo y dominarse, el amueblar el alma, para que aunque estemos a punto de derrumbarnos, aunque creamos que ya no podemos más, que el cuerpo se viene abajo, algo dentro de nosotros tira para arriba, nos ata a la vida y al Camino, y nos hace andar.

La metáfora de la vida, la vida como un camino duro, variable, lleno de distintos relieves, con hermosos paisajes que nos emocionan y subidas que nos dejan sin ánimos, bajadas igual de peligrosas que nos doblegan el pié...la vida, con sus pausas y sus prisas, la gente que nos acompaña a través del trayecto - que es también proyecto -la necesidad de parar, y la necesidad de bajarse del Camino cuando creemos que no podemos más, el atractivo de la meta que nos hace andar a pesar del dolor, los compañeros de viaje que aparecen y desaparecen en todo el trayecto, peregrinos que reencuentras, peregrinos con los que trabas amistad durante unos km y luego desaparecen de tu vida...

Dicen que las brujas no solían tener parejas estables, aunque se juntaban con hombres buenos o sabios para procrear hijos. Galicia es un lugar donde proliferan la meigas, no me extraña, con esos enormes bosques de robles y eucaliptos, frondosos y oscuros, lo raro es que no las hubiera.
Las hijas de las brujas solían ser brujas, y además dicen que las brujas solían adoptar pequeños hombres o bebés masculinos, para convertirlos en magos. Los grandes magos hijos no naturales de las brujas. Estas histórias viejas como el ser humano, traspasan el plano de leyenda e incluso a veces podemos verlas recreadas en la religión, ¿No es Jesús de Nazaret acaso, un niño procreado de un espíritu ajeno a cuerpo de hombre, adoptado por María, la Santa con mayúsculas, con poderes sobrehumanos, que era capaz de visionar a Dios?.

Las grandes reinas blancas siempre han adoptado grandes magos míticos.AH!! Galicia país de brujas y encantamientos...y también de fenómenos paranormales.

Bien, como sabéis los que me conoceís de hace años, siempre he tenido un sentido especial para las extrañas atmósferas y para conectar con el más allá, a veces me suceden cosas bien raras, que en muchas ocasiones hasta yo misma considero anecdóticas y a las que no quiero dar demasiada importancia, o dotarlas de realidad. Una de mis hijas ha tenido siempre ese mismo don, de pequeña también escuchaba cosas y ruidos donde no los había.
Guardadora de voluntades, brujas con el poder de conectar la voluntad del allá y la realidad del acá.

Acabábamos de entrar en una habitación de una pensión, era una habitación pequeña, oscura y cálida, muy limpia y comfortable, decoración clásica y de buen gusto. Era una habitación para dos. Mi hermana y mi otra hija dormían en otra habitación, al otro extremo del pasillo, que estaba silencioso. Entre nuestras dos habitaciones había tres o cuatro más.

Aunque no dijimos nada, luego mi hija y yo comentábamos que las dos al entrar en la habitación habíamos notado cierta aprensión, algo que no acaba de cuadrar. No había nada que pudiera causar disgusto ni en su conjunto ni de manera individual, la limpieza, la decoración, el diseño, todo era pulcro y ordenado, pero había algo más allá..

La puerta del baño quedaba situada justo delante de la cama de mi hija, al ser una habitación pequeña, mediaba solo un metro escaso entre la puerta y los piés de la cama.

Mi hija se ducho primero, y luego me metí yo en el baño. Mi hija estaba sentada a los piés de la cama leyendo.

Empecé a desvestirme con la mente en blanco, por el cansancio, quizás demasiado en blanco, quizás la dejé tan en blanco que permití que algo o alguien entrara dentro.

Mientras tiraba la ropa al suelo, de manera repentina y como un eco en un barranco, una voz, creemos  las dos que era de adolescente, mujer joven, voz densa, melosa, como aterciopelada, me susurró unas palabras al oido. Lo escuché de la misma manera que escucho ahora el tic tac del viejo reloj de cuco que tengo colgado en la pared a mi lado. Era un eco, una cacofonía, muy fuerte, como si de repente me hubieran puesto un tocadiscos cerca de la oreja.

Parecía una llamada, no lamentosa, pero de preocupación o requerimiento.

No es la primera vez que escucho ruidos, voces, sobretodos cascabeles, campanas, ruidos agudos , de este tipo. Pero por un momento pensé que podría haber sido mi hija, que tan cercana estaba a la puerta del baño, así que salí inmediatamente.

Me encontré a mi hija líbida:
-Mama ¡Que ha sido eso?

Ella había escuchado exactamente lo mismo que yo, de la misma manera, a tocar de oreja, como si alguien se hubiera metido entre la oreja y la cabeza. Las misma palabras, por las descripciones que me dió, el mismo tono, la misma voz femenina, el mismo requerimiento, la misma sensación de audífono..

Los cabellos del cuerpo se nos encresparon a las dos, la necesidad de salir de aquella habitación...así que cogí el móvil y cerramos la puerta tras nosotras. Aún tardamos un buen rato en decidirnos a volver a entrar. De hecho yo fuí a ver a mi otra hija para comprobar que estaba bien, y llamé a casa preguntando por todos.

Cuando al cabo de una hora entramos, conseguí convencer a mi hija de que durmiera conmigo, aunque ella se negaba a dormir en aquella habitación. También es cierto que aquella opresión inicial ya había pasado, era como un soplo de aire fresco que había llenado todos los espacios donde antes parecía haber un vacío extraño.

Le dije lo que pensaba: ya está, ya ha pasado, estas cosas no suelen repetirse!!!, hemos creado una atmósfera y algo ha contactado...pero ya se ha ido.

Y así fué...no se repitió.

He indagado sobre ese lugar, pueblo, incluso pensión...no daré evidentemente el nombre, pero no encuentro nada.