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miércoles, 18 de junio de 2014

Revisión ginecológica, en clave de humor, que no falte.

Soy de la vieja escuela, con mis ya casi 50 años a cuestas, ésto de ir a visitar a un señor todo vestido de blanco, con barba añeja, sonrisa de medio palo y una especie de consolador en la mano, conectado a la corriente eléctrica, y a una cámara como de televisor en blanco y negro, recubierto con un preservativo relleno de una especie de gelatina, el aparatito, no el televisor...
Bueno, empecemos por el principio.

Yo no se ustedes señoras que me leen, pero para mi ir al ginecólogo es como ir al cementerio, a visitar a un pariente recién muerto, o muchísimo peor.

Pues hoy me tocaba. He programado esta visita como cinco veces este año, y siempre he encontrado una buena excusa para no ir. Pero hoy no he podido escaparme. Para empezar, le había dicho a mi marido, Paco se llama, que además es mi marido desde hace 26 años, y me ha acompañado al ginecólogo cientos de veces, que hiciera el favor santísimo de obligarme a ir. Y así ha sido. Lo he intentado todo, todo y todo: he programado la llegada de un transporte ineludible para las 5.30 de la tarde (La visita era a las 18;15), con la frialdad y el cálculo bien hecho de que, con un poquito de suerte, ésto nos iba a retardar lo suficiente para no llegar a la consulta a tiempo. Pero allá estaba SUPER PACO con sus super poderes, justo llegaba el camión cuando él sacaba el auto del garaje:
-Mecachis Paco, ¡Mira a qué hora viene esta gente!, ahora ya no podremos ir a la visita del ginecólogo...
Paco me ha echado una mirada de revés y maldiciendo por lo bajo, se ha encargado de que cargaran los palets a tiempo. Cuando ha vuelto de la bodega, yo aún estaba haciendo como quien busca los papeles:
-Mecachis Paco. No encuentro la tarjeta de la mutua...
Paco con sus super poderes me ha arrancado el bolso de la mano y en un segundo ha encontrado el bolsillito donde la tenía escondida.
-Sube al coche y vámonos ya!!! - me ha dicho muy mosca. (Motivos tenía).

No corras Paco, le iba diciendo yo por el camino, que no hay prisa...estos ginecólogos siempre esperan...
Pero Paco ha puesto la directa, y en un santiamén estábamos delante de la consulta.

-Dame monedas para pagar el parking- me ha pedido Paco mientras aparcaba.
Y yo removiendo el bolso como quien nada encuentra:
-Aichhh qué pena Paco!!!, no llevo ni una...tendremos que ir a tomar algo a un bar para descambiar.

Y Paco que se saca de un bolsillito un euro.
-Con ésto ya hay bastante.

Y yo que ya no se que más inventarme, estamos a cinco metros de la consulta....ufff, ¡Qué miedo!

Subimos las escaleras hacia la primera planta de la clínica. -Qué casualidad!!! - mira por donde se me ha girado el zapato y me he quedado medio torcida en un escalón.
-Paco, no puedo casi caminar.

Y el pobre Paco, que me agarra por el codo y ordena: Venga, que solo faltan cinco escalones...andando!!!

LLegamos a la consulta y nos sentamos:
(LLegamos media hora tarde, yo aún tengo esperanzas de que el médico haya marchado.)

-Paco voy al lavabo, no puedo aguantar más. Si sale de la consulta y no se puede esperar, dile que ya volveremos otro día.

Voy al lavabo, salgo por la puerta, y me encuentro a Paco dialogando sonriente con el hombre de blanco y barba canosa...me echo a temblar.

Entramos en la consulta y lo que sigue es historia sabida: desnúdese, póngase en esta camilla, separe las  piernas...y ya me veis embutida en esa extraña bata con tiras que nunca se cierran, que todos los ginecólogos nos hacen poner por pudor y que no se para que narices sirve, pues vaya usted a saber!!!.
Y Paco sentado bien cerca, sonriente como siempre, mondándose de risa con mi cara de espanto...

Y siempre cierro los ojos, y el médico que me dice: soy feo pero no hay para tanto. Y Paco que mira la pantalla y yo que intento juntar las piernas pero no puedo...

Es lo más horroroso que nos pasa en la vida: un señor de blanco que no conocemos de nada, midiendo nuestros ovarios y hablando de tu útero, como quien habla de una botella de vino entre amigos.

Quizás soy exagerada, pero realmente, he pasado un mal rato.


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